December 1, 2010 por Orbituaris
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Burning Crusade, World of Warcraft, MMO, nostalgia, Cataclysm
Cuando uno se pone a escribir sobre un MMO, el objetivo siempre suele proyectarse hacia delante, ya sea anunciando alguna novedad, dando consejos relativos a cualquier elemento del juego o simplemente opinando sobre cómo deberían hacerse la cosas. Todo esto tiene mucho que ver con nuestro instinto de superación, algo muy asociado por otra parte a la propia naturaleza de este tipo de juegos. Sin embargo, existe otro aspecto asociado a los MMO que es poco tratado externamente pero que tiene un calado bastante profundo entre los jugadores, y que lejos de mirar hacia delante, apunta al pasado. No es otro que la nostalgia. Soy jugador de World of Warcraft, y he “invertido” (hay gente de mi entorno que emplearía la expresión “tirado a la basura”, pero esto da para otro post) cuatro años de mi vida desarrollando mi experiencia de juego. Estoy refiriéndome por supuesto a mi tiempo de ocio, pero me gusta referirme a este como “vida”, de la misma manera que lo hago cuando me refiero al tiempo que paso con mi familia, o incluso en el trabajo. Me pondré filosófico: uno vive varias vidas a la vez. Algunos hemos elegido pasar una de ellas en Azeroth. Una de las fases más importantes de la vida es la infancia, y este concepto, aplicado de manera metafórica, encaja perfectamente para describir las primeras experiencias que se tienen en cada una de esas “subvidas”. De la misma manera que tuve una infancia laboral, cuando estaba adquiriendo experiencia y habilidades, tuve una infancia en World of Warcraft.
Mi infancia en el WoW la pasé en Outland (Terrallende), la zona añadida en The Burning Crusade, primera expansión del juego. Por supuesto, di los primeros pasos en Azeroth. Hice el leveling de mi primer personaje con las quests originales, y jugué los dungeons de nivel 1 a 60. Pero el objetivo era adquirir el nivel 70 cuanto antes para poder jugar con los amigos que me metieron el vicio en el cuerpo, así que aquello fue más que nada un tutorial acelerado. El juego empezó de verdad para mí en Outland, y aquí incluyo la subida de niveles de 60 a 70, las dungeons 5-man (míticas heros de Outland), las horas de farmeo de primals (lol), Shattrath, las subida de reputaciones (Arúspices, Aldor, Ala Abisal...) y por supuesto las raids. La época de la infancia en un MMO te marca como en cualquier otro ámbito, y de la misma manera que volver a un lugar que fue emblemático a una edad temprana causa sensaciones especiales, cada vez que piso Outland o cualquiera de sus instances me invaden los recuerdos de las horas de diversión que pasé allí durante mis primeros dos años en el juego.
No quiero que se me malinterprete. No me gusta ir de “veteran”, diciendo que cualquier tiempo pasado fue mejor. He disfrutado muchísimo de WOTLK y Northrend, lo que pasa es que entonces ya era un adulto. El WoW dejó de ser un juego para convertirse en un hobby, y las cosas se volvieron más serias de esta manera. Es inevitable, hay que crecer, y crecer es desarrollar tu experiencia de juego. En esta última expansión he sabido lo que es un First Server Kill (en realidad, he sabido lo que son unos 30, pa’ chulos yo :p), y todo lo que implica gestionar una hermandad y un roster de raid de buen nivel. He hecho muchos amigos que sé que serán duraderos, pero las sensaciones son muy diferentes a aquellos primeros meses. El evento “The Shattering” ya ha tenido lugar, y Azeroth ha cambiado. La semana que viene tendremos en nuestras manos Cataclysm, y una expansión es un poco como volver a empezar. No quiero pensar si quizá estoy entrando en la “vejez” dentro del juego, eso el tiempo lo dirá. Pero si es inevitable eso de envejecer, mis partidas de petanca serán sin duda en Shadowmoon Valley, y las de golf en Nagrand. Nos vemos ingame ;)